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Petróleo y turismo: el caso de Brasil.

Por Gabriel Yorio González


Hace unas semanas fui invitado a formar parte de una misión del Banco Interamericano de Desarrollo en varias ciudades de Brasil para intercambiar experiencias y analizar diversos casos de éxito en materia de modernización catastral, planeación de ciudades autosustentables, modernización de sistemas de transporte público y fortalecimiento de ingresos públicos municipales. No obstante que todos los temas fueron discutidos ampliamente y resultaron en un aprendizaje interesante, no dejó de captar mi atención la forma en la que las ciudades de Brasil se encuentran organizadas, así como la operación de su gobierno y el papel de Petrobras, la empresa paraestatal de petróleo en la economía y desarrollo del país y de su gente.

Petrobras es la empresa petrolera paraestatal de aquel país, es la similar a la paraestatal mexicana Pemex. Con la diferencia de que en Brasil la empresa financia diversas actividades de conservación del medio ambiente, así como educativas, culturales y turísticas. Por ejemplo, en la villa de Praia do Forte la empresa financia el Proyecto Tamar que se dedica a cuidar a las tortugas marinas, por lo que existe un criadero y un área de conservación para cuidar esta especie. Así mismo, la empresa financia la escuela primaria municipal de esa villa donde a los niños les enseñan a cuidar el medio ambiente y una cultura de respeto a la ecología ya que a ese lugar llegan ballenas buscando aguas cálidas. De hecho, las playas de Brasil y de las principales ciudades turísticas son limpiadas por empresas privadas que son pagadas por Petrobras.

De igual manera, la paraestatal brasileña financia los museos de las ciudades logrando que una parte de la riqueza petrolera se dirija a la preservación del medio ambiente y a la promoción turística, haciéndose cargo de la conservación de jardines y plazas públicas, y al mismo tiempo, financiando actividades educativas y de desarrollo humano. Tal es el caso del Programa Hambre Cero, donde la empresa financia la capacitación y la formación de jóvenes de las comunidades rurales del municipio de Propriá, en técnicas de producción de hortalizas y frutas, dirigido a calificar la mano de obra emergente y a mejorar la calidad de la merienda escolar ofrecida en las escuelas municipales. También tiene programas para incentivar el primer empleo, como el del Programa Estación de Servicio-Escuela cuyo objetivo es permitir que 3,400 personas tengan la oportunidad de recibir capacitación y formación profesional para trabajar como gasolineros, promotores de venta y técnicos de lubricación en el mercado de trabajo. Actualmente la empresa cuenta con la mayor red de estaciones de servicio del país, ya que a diferencia de México, en aquel país pueden entrar empresas de distribución de gasolina extranjeras, por lo que es común ver además de las gasolineras de Petrobras, gasolineras de Texaco y Shell entre otras.

Por supuesto Brasil es un país con problemas sociales y de desarrollo muy parecidos a los de México, sin embargo han logrado dar una dinámica económica a sus ciudades, logrando convertirlas en grandes polos de atracción turística y de igual manera han sido capaces de establecer técnicas de planeación de políticas públicas para mejorar el transporte público, pero sobre todo, han comenzado a dirigir la riqueza natural del petróleo para transformarla en riqueza turística y educativa del país.

Aún cuando el objetivo de la misión del BID de la que formé parte se encontraba dirigido a establecer relaciones con empresarios brasileños interesados en desarrollos conurbados y en analizar casos de modernización municipal, fue imposible no aprender de la forma en que los brasileños comienzan a percibir el medio ambiente y el turismo. A diferencia de México, donde los recursos que genera Pemex son completamente absorbidos por el gobierno y su destino no es claro, Brasil usa el petróleo también para proteger al medio ambiente y promover el turismo. Esto nos invita a reflexionar que tal vez es hora de que los presidentes municipales y gobernadores mexicanos dejen de conformarse con las migajas que Pemex les otorga cada año en gasolina y asfalto, recursos en especie que finalmente son gastados como las autoridades quieren y no propiamente en proyectos que impacten la economía local. Ojalá no esperemos mucho para ver que nuestros políticos comienzan a diseñar proyectos turísticos y de conservación del medio ambiente que pueden ser presentados a Pemex para que la empresa los financie como parte de un programa de conservación ambiental. Después de todo, parecer ser un intercambio justo que la riqueza generada por la naturaleza se le retribuya a la misma naturaleza para así tener sistemas económicos autosustentables.




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