Dos Propuestas de Reforma Fiscal
Por Gabriel Yorio González
El debate sobre la propuesta de reforma fiscal continúa y su discusión en el Congreso podría resultar productiva debido a la propuesta alterna que lanzó el Frente Amplio Progresista (FAP) conformado por el Partido del Trabajo, Convergencia y los perredistas, en el sentido de que el FAP propone que no se establezcan nuevos impuestos y que sea el Impuesto Sobre la Renta el eje troncal de la reforma fiscal.
La propuesta que ha hecho el gobierno federal ha recibido algunas críticas, sobre todo del sector de las pequeñas y medianas empresas intensivas en el uso del empleo que se verían afectadas por la Contribución Empresarial de Tasa Única (CETU). Además, como ya diferentes analistas han expresado, la reforma debió de haber sido acompañada de una explicación bien detallada del gasto que se financió con los ingresos petroleros entre 2003 y 2006, de una propuesta de austeridad y recorte de gastos superfluos, un esquema que otorgue prioridades de gasto en caso de obtener mayores ingresos, un compromiso explícito de mejorar la eficiencia recaudatoria y una estrategia de combate a la evasión fiscal por parte del SAT.
Se teme que la propuesta del CETU, al ser un impuesto de control, tenga un efecto regresivo. Asimismo, la propuesta de permitir que los gobiernos estatales apliquen nuevos impuestos a la cerveza y la gasolina parece poco realizable desde el momento en que los estados tienen que transferir el 20 por ciento de lo recaudado a los municipios, por la razón de que el costo político lo cargarían los estados y además tendrían que compartir los ingresos. Así, al no existir un mecanismo de coordinación nacional que permita a los estados reducir el costo político de implementar nuevos ingresos es poco probable que las nuevas potestades tributarias sean realmente aplicadas.
Un problema que no es atendido en la propuesta es la que no garantiza el uso eficiente de los recursos. El gobierno simplemente gasta mal el dinero porque no tiene un mecanismo de asignación de recursos en forma prioritaria y la reforma se encuentra enfocada a la recaudación solamente. Además, deja fuera el tema de las aduanas que se han convertido centros de corrupción por donde pasan mercancías y productos de contrabando. De igual manera, no se plantea una reducción en la complejidad del pago de los impuestos.
Por su parte el FAP propone utilizar al ISR como eje troncal de la reforma, de tal manera que se eliminen los huecos por donde las empresas evaden el pago del impuesto como lo es el régimen consolidado. Además, propone no crear nuevos impuestos sino cobrar eficientemente sobre la misma base de contribuyentes y con la premisa de que primero el Gobierno Federal debe reducir su gasto corriente o administrativo para poder tener autoridad moral de solicitar a los ciudadanos que paguen más impuestos.
Sin duda el hecho de que existan dos propuestas de reforma dará lugar a un debate de ideas más nutritivo, ya que ambas tienen coincidencias, ventajas y desventajas. Esperemos que este debate se de en un nivel de análisis que resulte en una reforma fiscal que sea lo mejor para el país y sus ciudadanos y no sólo para grupos de poder específicos.